Día 2. Martinez Laínez: “La nómina de espías escritores en España es interminable”         

                              

  • El pequeño, pero esencial, papel de España en la Guerra Fría y cómo este periodo ha “contaminado” la novela de espías
  • España como pionera de los servicios de inteligencia

Los profesores Emilio Blanco y Jesús Ponce y el escritor Fernando Martínez Laínez han iniciado la segunda jornada de Letras y Espías este jueves 7 de febrero con una mesa redonda sobre “Los escritores espías españoles”, reivindicando esa figura relativamente “desconocida” con evidentes paralelismos entre sí, como la realidad enmascarada o el sentido de la observación. Para hacer referencia a alguno de sus mayores exponentes hay que escarbar en el pasado y remontarse al Siglo de Oro, cuando Francisco de Quevedo, Miguel de Cervantes o Francisco de Aldana, entre otros, ejercían la “esquizofrénica” labor de llevar dos vidas, ordenando, en palabras del escritor y periodista Fernando Martínez Laínez, “las piezas sueltas”. “La nómina de espías escritores es interminable. Habiendo tenido España ese plantel de enormes escritores espías, es sorprendente que haya tan poca literatura de este género en nuestro país, que aún no llega al de las novelas anglosajonas”, ha asegurado Laínez.

La intervención de Jesús Ponce, profesor de la UCM, estuvo centrada en las andanzas de Francisco de Aldana, de quien destacó en concreto una operación en el norte de África durante el reinado de Felipe II en la que se disfrazó de judío. Pablo Jauralde, profesor de la UAM, destacó dos episodios del siglo XVII en los que Quevedo se vio envuelto en actividades de espionaje, uno para desmentir su supuesta participación en la denominada conjuración de Venecia de 1618 caracterizado como un mendigo, y el otro por su detención años después, precisamente, relacionada con labores en los servicios de inteligencia del Imperio español.

Emilio Blanco, profesor de la URJC, prefirió centrarse en el arquetipo de Falcó, el espía de Arturo Pérez-Reverte, a quien considera “un francotirador, se pone en la atalaya y dispara a todo lo que se mueve”, en referencia a la habilidad del escritor para darle al lector material atractivo para que empatice con su protagonista.

Si en la primera charla del día se viajó al Siglo de Oro para descubrir las similitudes entre espías y escritores, en la segunda se hizo lo propio con la Guerra Fría, edad de oro del espionaje idónea para desplegar operaciones de inteligencia en el quebrado mapa político dibujado tras la Segunda Guerra Mundial, con un Berlín que tenía, según el historiador Pere Cardona, “el mayor ratio de espías por metro cuadrado”. Pese al abonado terreno que instauró en el mundo este enfrentamiento entre capitalismo y comunismo, para el escritor José Carlos Somoza, autor de “El origen del mal”, “España jugó un papel pequeño en la Guerra Fría, pero que no debe ser descartado”, por ejemplo, como apunta el moderador Javier Velasco, por su actividad en Marruecos y Argelia, impidiendo que cayeran en la órbita soviética.

El también escritor José Luis Muñoz ha destacado la casualidad de que escritores como Graham Greene, John Le Carré, Frederick Forsyth o Ian Fleming confluyeran en el MI6, el servicio de inteligencia británico. Precisamente al hijo literario de este último ha aludido en su ponencia Muñoz, asegurando que “James Bond como espía es nefasto, va llamando la atención, cuando un espía es un burócrata, una persona gris”. En este sentido, Somoza ha añadido que el mayor enemigo del agente 007 “no han sido Goldfinger o el Dr. No, sino el tiempo, al que ha resistido bien”. Una interesante charla que se ha clausurado con una frase de Cardona que serviría de gancho para lo que estaba por venir: “La literatura de espionaje ha aprovechado para introducir una importante carga histórica y atraer lectores”.

Con una mesa redonda sobre el espionaje hispano en la época imperial se cerró el segundo día del programa de actividades y charlas de las Jornada de Letras y Espías. Enfocados en poner en valor la rica y variada historia de España, tan carcomida por la Leyenda Negra, el historiador Carlos Carnicer y los escritores José Calvo Poyato y José Luis Hernández Garvi han reivindicado las hazañas logradas por el país, pionero, entre otras cosas, en el espionaje durante el reinado de Felipe II, con importantes partidas presupuestarias destinadas a tal fin. “Muchos anglosajones nos han tenido en el punto de mira y nosotros no hemos sido capaces de ver nuestros éxitos. Por eso puede parecer que los ingleses inventaron el campo de inteligencias secretas, cuando fue España”, ha insistido Garvi, quien señala al desinterés hacia el campo de la Inteligencia durante el reinado de Felipe IV como el principal motivo del ocaso de la Monarquía hispánica. “No hemos sabido vender nuestra propia historia ni ver nuestro potencial”, ha coincidido Carnicer. “En el siglo XVIII, España seguía siendo un gran Imperio, no la mayor potencia, pero sí una potencia importante en el concierto internacional”, ha incidido Calvo Poyato, autor de “El espía del rey”, donde cuenta las hazañas, como agente secreto, del marino y matemático Jorge Juan.

De la colaboración entre autores de temas de espionaje y la Cátedra de Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos de la Universidad Rey Juan Carlos nacen estas Jornadas de Letras y Espías, cuyo objetivo es el de apostar por un género literario en boga, dando a conocer la novela de espionaje escrita en castellano, y contribuir a la divulgación de la Cultura de Inteligencia en unas jornadas que concluyen este viernes 8 de febrero.

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