Día 1. Jorge Dezcallar:  “Los populismos hacen bien en detectar los problemas, el problema son las soluciones que plantean”

El exdirector del CNI ha inaugurado las Jornadas de Literatura y Espionaje organizadas por la Universidad Rey Juan Carlos. Los escritores Juan Bolea, Almudena de Arteaga y Jaime Rocha han debatido sobre la figura de los espías literarios y reales y su inspiración para crear novelas del género            

  • Juan Bolea: “James Bond es un antiespía, una parodia de lo que es ser espía””
  • Almudena de Arteaga: “Los buenos espías son los que parecen de todo menos espías”
  • Jaime Rocha: “No hay límites para recabar secretos”

Presentado por el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Javier Ramos, el exdirector del CNI Jorge Dezcallar ha inaugurado este miércoles 6 de febrero las Jornadas de Literatura y Espionaje con ‘El mundo en 2019 como telón de fondo para novelas de espionaje’.

El momento “de aceleración histórica” actual ha reanimado un género que no ha muerto nunca. “La literatura de espías, más que resurgir, siempre ha estado ahí, porque lo secreto y lo misterioso siempre han despertado curiosidad en el ser humano por las connotaciones de suspense, intriga, traición y lealtad…”, ha afirmado Fernando Velasco, director de la Cátedra en Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos de la Universidad Rey Juan Carlos. Y la convulsa actualidad no hace más que espolear un género que, pese a ser ficción, bebe de ese telón de fondo de la realidad. En palabras de Dezcallar, “el mundo está experimentando un cambio brutal, de ahí la sensación de inseguridad de la que beben los populismos y nacionalismos”. El desencanto con la idea de democracia que todavía pervive hoy en día, la aparición de nuevos actores internacionales como China, el proceso de introspección de los americanos y la crisis de Europa abonan el terreno para esa incertidumbre que perpetúa un mundo de tensiones donde este tipo de movimientos campan a sus anchas. “Los populismos hacen bien en detectar los problemas, el problema son las soluciones que plantean”, ha asegurado en la inauguración de las jornadas el exdirector del CNI. Por ello, ha insistido Dezcallar, el reto es “integrarnos o desaparecer por el desagüe de la historia”.

Precedidos por una eminencia en el mundo de la inteligencia, los escritores Juan Bolea, Almudena de Arteaga y el también exmiembro del CESID Jaime Rocha debutaron en estas Jornadas de Literatura y Espionaje con una mesa redonda sobre “Novela de Espías y Espías de Novela”, en la que compartieron de dónde les viene la inspiración para escribir sobre este género. Bolea, autor de “Los viejos seductores siempre mienten”, la halló durante su periplo como corresponsal en La Habana, primera ocasión en la que coincidió con espías reales durante su intento frustrado de entrevistar a Fidel Castro. Esa “ambigüedad, contradicciones y sensación de irrealidad, esa sensación de estar rodeado de espías, me inspiraban como escritor”, ha asegurado el reputado escritor, para quien sobran “ejemplos extraordinarios de espías en la historia”, desde Judas a Quevedo. Una figura, en ocasiones, sobreexplotada en la ficción, hasta el punto de caer en la sátira, como sucede, curiosamente, con una de sus mayores exponentes, James Bond: “Para mí 007 sería un antiespía, una parodia de los espías”.

Por su parte, Almudena de Arteaga, experimentada escritora de novela histórica, vive con “Cenizas de plata y sangre” su primera incursión en el género del espionaje. Y la inspiración, en su caso, también fue fruto de la casualidad, al toparse en Cádiz con “una historia real y desconocida”, unos documentos que podrían vincular una explosión supuestamente accidental en 1947 con un atentado provocado por Larissa Swirsky, “una espía extranjera que actuó en España y en quien Ian Fleming se inspiró para su James Bond”. Una espía, ha asegurado, que no lo parecía, porque “los buenos espías parecen de todo menos espías”.

Apenas “un capítulo” de la prolífica experiencia de Jaime Rocha, desde sus contactos con “los primos del Mosad y la CIA” a “las redes clandestinas en el Magreb”, fue suficiente para inspirarle y escribir “Operaciones del Dorado”. Tan solo tuvo que sortear una barrera, la del secreto profesional inherente a su oficio. “He tocado todos los palos dentro de la casa, teniendo la ocasión de vivir diferentes facetas de lo que es el espionaje. De todas saldría una novela, siempre con la barrera del secreto”, ha reconocido el exmiembro del CESID, para quien “no hay límites” para recabar secretos.

De la colaboración entre autores de temas de espionaje y la Cátedra de Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos de la Universidad Rey Juan Carlos nace Letras y Espías, cuyo objetivo es el de apostar por un género literario en boga, dando a conocer la novela de espionaje escrita en castellano, y contribuir a la divulgación de la Cultura de Inteligencia en unas jornadas que se extenderán hasta el viernes 8 de febrero.

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