Día 3. Velasco: “Es la primera vez que se sientan juntos escritores y gente del Servicio de Inteligencia para desmitificar las novelas de espionaje”

  • El espionaje y las novelas sobre espías en los años de la Guerra Civil ha centrado la mesa redonda de Amat, Juaristi y Bocanegra
  • El escritor José Luis Caballero le ha rendido un sentido homenaje a John Le Carré, padrino omnipresente de las jornadas “Letras y Espías”
  • Manzanera ha reivindicado el papel de la mujer espía con un repaso de su incidencia en  importantes eventos a lo largo de su historia

Este viernes 8 de febrero han concluido las primeras jornadas de Literatura y espionaje organizadas por la Universidad Rey Juan Carlos en colaboración con el Club Le Carré y la Asociación de ex miembros del Servicio de Inteligencia español. Después de tratar el espionaje hispano en la época imperial, alabando la red de espías que informaba a Felipe II por todo el mundo cuando en España no se ponía el sol, y de hacer lo propio con los servicios secretos en la Guerra Fría, “Letras y Espías” ha cerrado su último día con el historiador Jon Juaristi y los escritores Enrique Bocanegra y Nuria Amat analizando el espionaje en la Guerra Civil, un terreno todavía hoy fértil para las novelas del género y también, como dijo Kafka, “la época más nerviosa de la historia”.

Fue durante esa época cuando una profusa cantidad de agentes secretos dibujaron la conspiración por el mundo entero, como han recordado los ponentes de esta interesante ponencia. Un “cónclave de espías” en el que han salido a colación las biografías del asesino de Trotski, Ramón Mercader, protagonista del libro “Amor y guerra”, de Amat; Kim Philby, de “Un espía en la trinchera”, de Bocanegra; o el Martín de Arrizubieta Larrinaga, de “La caza salvaje”, de Juaristi. La mesa redonda ha abordado, además, un debate sobre el auge de los nacionalismos periféricos, donde han querido dar su opinión Juaristi, natural de Bilbao, y Amat, de Barcelona. “El nacionalismo vasco no es independentista sino gorrón”, ha calificado el historiador en referencia al interés por los privilegios forales, mientras que la escritora, por su parte, comparó el de Cataluña con un populismo similar al de Venezuela y su propaganda, con la nazi: “La propaganda independentista ha seguido al pie de la letra la del nazismo de Goebbels”.

El espíritu del padrino de estas jornadas, John Le Carré, ha sobrevolado cada ponencia, pero no ha sido hasta esta mañana cuando el escritor y periodista José Luis Caballero ha honrado al alabado autor de novelas como «La chica del tambor» o «El espía que surgió del frío» con una conferencia propia en la que ha repasado la influencia del ex agente del MI6 en la novela de espías, mencionando sus notables títulos del género, icónicos personajes como su George Smiley o los paralelismos de la obra del autor con su propia vida, con especial incidencia del papel de su tormentoso padre, cuyas trazas se perciben en varios personajes de sus novelas.

Por su parte, la periodista y escritora Laura Manzanera ha cerrado la última sesión de las jornadas con un digno homenaje a las mujeres espías, un oficio muchas veces no reconocido pero que no es “algo moderno” sino que se remonta a los anales de la historia, desde las prostitutas que los fenicios colocaban en burdeles para captar secretos hasta las mujeres al servicio de la Inteligencia en nuestros días. No se ha olvidado en su intervención de importantes figuras femeninas como Josefina Bonaparte, “que espió a Napoleón”, o la Condesa de Castiglione, a quien apodaban “la mujer más peligrosa de París”. Aunque no se detuvo  personajes de sobra conocidos como Mata Hari, cuyo “trabajo como espía deja bastante que desear”, Manzanera ha desmontado los arquetipos de las mujeres espías, “muy polarizados” y que a menudo las encasillan como la femme fatale o la víctima. “Ahora que está de moda el lenguaje inclusivo, a espía si se le quita el artículo sirve para hombres y mujeres, por lo que no hay que olvidarlas”, ha reivindicado. “A pesar de las diferencias, quiero pensar que ser buen agente depende más de la persona que del sexo”.

Fernando Velasco, director de la Cátedra de Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos, ha puesto el broche a estas satisfactorias jornadas de “Letras y Espías” augurando una continuidad al asegurar que este desenlace, lejos de un final, “es un punto y seguido” porque, por primera vez, “se han sentado juntos los escritores con gente del Servicio de Inteligencia, para desmentir, informar y desmitificar”.

De la colaboración entre autores de temas de espionaje y la Cátedra de Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos de la Universidad Rey Juan Carlos nace “Letras y Espías”, cuyo objetivo ha sido dar a conocer la novela de espionaje y contribuir a la divulgación de la Cultura de Inteligencia.

Día 2. Martinez Laínez: “La nómina de espías escritores en España es interminable”         

                              

  • El pequeño, pero esencial, papel de España en la Guerra Fría y cómo este periodo ha “contaminado” la novela de espías
  • España como pionera de los servicios de inteligencia

Los profesores Emilio Blanco y Jesús Ponce y el escritor Fernando Martínez Laínez han iniciado la segunda jornada de Letras y Espías este jueves 7 de febrero con una mesa redonda sobre “Los escritores espías españoles”, reivindicando esa figura relativamente «desconocida» con evidentes paralelismos entre sí, como la realidad enmascarada o el sentido de la observación. Para hacer referencia a alguno de sus mayores exponentes hay que escarbar en el pasado y remontarse al Siglo de Oro, cuando Francisco de Quevedo, Miguel de Cervantes o Francisco de Aldana, entre otros, ejercían la «esquizofrénica» labor de llevar dos vidas, ordenando, en palabras del escritor y periodista Fernando Martínez Laínez, «las piezas sueltas». «La nómina de espías escritores es interminable. Habiendo tenido España ese plantel de enormes escritores espías, es sorprendente que haya tan poca literatura de este género en nuestro país, que aún no llega al de las novelas anglosajonas», ha asegurado Laínez.

La intervención de Jesús Ponce, profesor de la UCM, estuvo centrada en las andanzas de Francisco de Aldana, de quien destacó en concreto una operación en el norte de África durante el reinado de Felipe II en la que se disfrazó de judío. Pablo Jauralde, profesor de la UAM, destacó dos episodios del siglo XVII en los que Quevedo se vio envuelto en actividades de espionaje, uno para desmentir su supuesta participación en la denominada conjuración de Venecia de 1618 caracterizado como un mendigo, y el otro por su detención años después, precisamente, relacionada con labores en los servicios de inteligencia del Imperio español.

Emilio Blanco, profesor de la URJC, prefirió centrarse en el arquetipo de Falcó, el espía de Arturo Pérez-Reverte, a quien considera «un francotirador, se pone en la atalaya y dispara a todo lo que se mueve», en referencia a la habilidad del escritor para darle al lector material atractivo para que empatice con su protagonista.

Si en la primera charla del día se viajó al Siglo de Oro para descubrir las similitudes entre espías y escritores, en la segunda se hizo lo propio con la Guerra Fría, edad de oro del espionaje idónea para desplegar operaciones de inteligencia en el quebrado mapa político dibujado tras la Segunda Guerra Mundial, con un Berlín que tenía, según el historiador Pere Cardona, «el mayor ratio de espías por metro cuadrado». Pese al abonado terreno que instauró en el mundo este enfrentamiento entre capitalismo y comunismo, para el escritor José Carlos Somoza, autor de «El origen del mal», «España jugó un papel pequeño en la Guerra Fría, pero que no debe ser descartado», por ejemplo, como apunta el moderador Javier Velasco, por su actividad en Marruecos y Argelia, impidiendo que cayeran en la órbita soviética.

El también escritor José Luis Muñoz ha destacado la casualidad de que escritores como Graham Greene, John Le Carré, Frederick Forsyth o Ian Fleming confluyeran en el MI6, el servicio de inteligencia británico. Precisamente al hijo literario de este último ha aludido en su ponencia Muñoz, asegurando que «James Bond como espía es nefasto, va llamando la atención, cuando un espía es un burócrata, una persona gris». En este sentido, Somoza ha añadido que el mayor enemigo del agente 007 «no han sido Goldfinger o el Dr. No, sino el tiempo, al que ha resistido bien». Una interesante charla que se ha clausurado con una frase de Cardona que serviría de gancho para lo que estaba por venir: “La literatura de espionaje ha aprovechado para introducir una importante carga histórica y atraer lectores”.

Con una mesa redonda sobre el espionaje hispano en la época imperial se cerró el segundo día del programa de actividades y charlas de las Jornada de Letras y Espías. Enfocados en poner en valor la rica y variada historia de España, tan carcomida por la Leyenda Negra, el historiador Carlos Carnicer y los escritores José Calvo Poyato y José Luis Hernández Garvi han reivindicado las hazañas logradas por el país, pionero, entre otras cosas, en el espionaje durante el reinado de Felipe II, con importantes partidas presupuestarias destinadas a tal fin. “Muchos anglosajones nos han tenido en el punto de mira y nosotros no hemos sido capaces de ver nuestros éxitos. Por eso puede parecer que los ingleses inventaron el campo de inteligencias secretas, cuando fue España”, ha insistido Garvi, quien señala al desinterés hacia el campo de la Inteligencia durante el reinado de Felipe IV como el principal motivo del ocaso de la Monarquía hispánica. “No hemos sabido vender nuestra propia historia ni ver nuestro potencial”, ha coincidido Carnicer. “En el siglo XVIII, España seguía siendo un gran Imperio, no la mayor potencia, pero sí una potencia importante en el concierto internacional”, ha incidido Calvo Poyato, autor de “El espía del rey”, donde cuenta las hazañas, como agente secreto, del marino y matemático Jorge Juan.

De la colaboración entre autores de temas de espionaje y la Cátedra de Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos de la Universidad Rey Juan Carlos nacen estas Jornadas de Letras y Espías, cuyo objetivo es el de apostar por un género literario en boga, dando a conocer la novela de espionaje escrita en castellano, y contribuir a la divulgación de la Cultura de Inteligencia en unas jornadas que concluyen este viernes 8 de febrero.

Día 1. Jorge Dezcallar:  «Los populismos hacen bien en detectar los problemas, el problema son las soluciones que plantean»

El exdirector del CNI ha inaugurado las Jornadas de Literatura y Espionaje organizadas por la Universidad Rey Juan Carlos. Los escritores Juan Bolea, Almudena de Arteaga y Jaime Rocha han debatido sobre la figura de los espías literarios y reales y su inspiración para crear novelas del género            

  • Juan Bolea: “James Bond es un antiespía, una parodia de lo que es ser espía””
  • Almudena de Arteaga: “Los buenos espías son los que parecen de todo menos espías”
  • Jaime Rocha: “No hay límites para recabar secretos”

Presentado por el rector de la Universidad Rey Juan Carlos, Javier Ramos, el exdirector del CNI Jorge Dezcallar ha inaugurado este miércoles 6 de febrero las Jornadas de Literatura y Espionaje con ‘El mundo en 2019 como telón de fondo para novelas de espionaje’.

El momento “de aceleración histórica» actual ha reanimado un género que no ha muerto nunca. “La literatura de espías, más que resurgir, siempre ha estado ahí, porque lo secreto y lo misterioso siempre han despertado curiosidad en el ser humano por las connotaciones de suspense, intriga, traición y lealtad…», ha afirmado Fernando Velasco, director de la Cátedra en Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos de la Universidad Rey Juan Carlos. Y la convulsa actualidad no hace más que espolear un género que, pese a ser ficción, bebe de ese telón de fondo de la realidad. En palabras de Dezcallar, «el mundo está experimentando un cambio brutal, de ahí la sensación de inseguridad de la que beben los populismos y nacionalismos». El desencanto con la idea de democracia que todavía pervive hoy en día, la aparición de nuevos actores internacionales como China, el proceso de introspección de los americanos y la crisis de Europa abonan el terreno para esa incertidumbre que perpetúa un mundo de tensiones donde este tipo de movimientos campan a sus anchas. «Los populismos hacen bien en detectar los problemas, el problema son las soluciones que plantean», ha asegurado en la inauguración de las jornadas el exdirector del CNI. Por ello, ha insistido Dezcallar, el reto es «integrarnos o desaparecer por el desagüe de la historia».

Precedidos por una eminencia en el mundo de la inteligencia, los escritores Juan Bolea, Almudena de Arteaga y el también exmiembro del CESID Jaime Rocha debutaron en estas Jornadas de Literatura y Espionaje con una mesa redonda sobre “Novela de Espías y Espías de Novela”, en la que compartieron de dónde les viene la inspiración para escribir sobre este género. Bolea, autor de “Los viejos seductores siempre mienten”, la halló durante su periplo como corresponsal en La Habana, primera ocasión en la que coincidió con espías reales durante su intento frustrado de entrevistar a Fidel Castro. Esa “ambigüedad, contradicciones y sensación de irrealidad, esa sensación de estar rodeado de espías, me inspiraban como escritor”, ha asegurado el reputado escritor, para quien sobran “ejemplos extraordinarios de espías en la historia”, desde Judas a Quevedo. Una figura, en ocasiones, sobreexplotada en la ficción, hasta el punto de caer en la sátira, como sucede, curiosamente, con una de sus mayores exponentes, James Bond: “Para mí 007 sería un antiespía, una parodia de los espías”.

Por su parte, Almudena de Arteaga, experimentada escritora de novela histórica, vive con “Cenizas de plata y sangre” su primera incursión en el género del espionaje. Y la inspiración, en su caso, también fue fruto de la casualidad, al toparse en Cádiz con “una historia real y desconocida”, unos documentos que podrían vincular una explosión supuestamente accidental en 1947 con un atentado provocado por Larissa Swirsky, “una espía extranjera que actuó en España y en quien Ian Fleming se inspiró para su James Bond”. Una espía, ha asegurado, que no lo parecía, porque “los buenos espías parecen de todo menos espías”.

Apenas “un capítulo” de la prolífica experiencia de Jaime Rocha, desde sus contactos con “los primos del Mosad y la CIA” a “las redes clandestinas en el Magreb”, fue suficiente para inspirarle y escribir “Operaciones del Dorado”. Tan solo tuvo que sortear una barrera, la del secreto profesional inherente a su oficio. “He tocado todos los palos dentro de la casa, teniendo la ocasión de vivir diferentes facetas de lo que es el espionaje. De todas saldría una novela, siempre con la barrera del secreto”, ha reconocido el exmiembro del CESID, para quien “no hay límites” para recabar secretos.

De la colaboración entre autores de temas de espionaje y la Cátedra de Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos de la Universidad Rey Juan Carlos nace Letras y Espías, cuyo objetivo es el de apostar por un género literario en boga, dando a conocer la novela de espionaje escrita en castellano, y contribuir a la divulgación de la Cultura de Inteligencia en unas jornadas que se extenderán hasta el viernes 8 de febrero.

El anticuario de Teherán, Jorge Dezcallar

Un collar de oro, coral y aguamarinas que un anticuario iraní suplica a Jorge Dezcallar que le haga llegar a su hija abre este libro, en el que el diplomático español pasa revista a sus años como embajador —lo fue en Marruecos, Washington y Roma— y recuerda a algunas de las personalidades —ministros, reyes, actores, presidentes— con las que ha compartido negociaciones diplomáticas y también, en ocasiones, veladas inolvidables. Conflictos pesqueros con Marruecos que ponen en serio peligro la relación entre países, torpes intentos de ofrecerle al MoMA un Velázquez a cambio del Guernica, un banquete marroquí que no empieza hasta que llega el cordero enviado por el rey, agradecimientos que se entregan en forma de enorme cajón rebosante de lenguados y merluzas o una declaración de guerra con Rusia de la que nadie se acordó durante más de doscientos años recorren estas páginas, llenas de historias entrañables, divertidas, desoladoras o simplemente surrealistas, pero en cualquier caso apasionantes, escritas por alguien que, a consecuencia de todo lo vivido, ha aprendido «a ser tolerante, a contrastar mis puntos de vista con otros y a aceptar que, por encima del barniz de razas, religiones y lenguas, los seres humanos somos esencialmente iguales y buscamos las mismas cosas por caminos distintos».

Valió la pena, Jorge Dezcallar

Jorge Dezcallar de Mazarredo quiso ser diplomático desde que, de pequeño, escuchaba fascinado las historias que le contaba su tío, el embajador Guillermo Nadal. Una vez que sus sueños se hicieron realidad, su carrera le llevó a Polonia, Nueva York, Uruguay ― donde vivió un rocambolesco 23-F―, Marruecos ―fue embajador ante Hasán II y Mohamed VI―, Roma ―ocupaba la embajada del Vaticano cuando murió Juan Pablo II y el cónclave eligió a Benedicto XVI― y Washington, donde de nuevo vivió de cerca la historia con la victoria electoral de Barack Obama. La familia real, seis presidentes españoles, ministros de todos los colores, personajes como Gadafi, Carter, Sharon, Chávez o Arafat… A todos conoció y trató Jorge Dezcallar. Como director del Centro Nacional de Inteligencia, los servicios secretos españoles, fue además testigo de primera fila de los atentados del 11 de marzo de 2004. Y no tiene empacho en reconocerse «marginado, engañado y manipulado» durante aquellos días, con la aparente intención ―desde luego nunca confesada― de que el CNI siguiera defendiendo la posible autoría de ETA ante la opinión pública en vísperas electorales. Una estrategia no de Estado, sino de partido, que Dezcallar critica aquí desde su insobornable independencia.

Operación El Dorado, Jaime Rocha

¿Realmente estamos ante una novela de espías? Quizá esta sería la primera pregunta a la hora de adentrarnos en Operación El Dorado. Podría ser una novela de espías o bien unas memorias, solo que en las memorias se detallan muchos episodios y no uno sólo de la vida del interesado; aunque también es cierto que en un único episodio pueden concentrarse muchas vivencias que son muestra de otras acontecidas a lo largo de toda una vida

En esta novela, Jaime Rocha nos desgrana con gran verosimilitud –quizá porque apuesto a que su novela es un trozo de su propia biografía– cómo era el espionaje de hace unas décadas, cuando todo era más ingenuo, más artesanal, balbuceante. Y no solo en España sino en el mundo y en su mundo

Organizar y mantener redes de informantes en el norte de África allá por los años setenta era la tarea del agente de la inteligencia española que protagoniza esta novela. La Operación El Dorado refleja con credibilidad las peripecias a las que se ve arrastrado, y cómo el pasado vuelve para mirarle a la cara y no ser él entonces quien pregunte –como era habitual– sino quien sea el sonsacado; deja así de ser quien busca para ser el buscado. Este juego es posible por la ágil estructura de la novela. El protagonista se mueve con comodidad en el flashback, en los recuerdos, trayendo al presente episodios del pasado que hacen comprender la trama y le dan un gran dinamismo, al tiempo que le entregan un muy visual aparataje cinematográfico.

Nzere Kongo, José Luis Caballero

En los años sesenta el doctor César Boronat decide unirse a una operación de las Naciones Unidas en el Congo. Mientras ejerce su puesto de anestesista en Coquilhatville, la violencia que sacude el país en plena retirada del ejército belga oculta una serie de misteriosos asesinatos cometidos para tapar un crimen aún mayor. Décadas más tarde, Marcel Quintana, agente del DGRS belga, es enviado al Congo para espiar en la embajada española algo relacionado con empresas hidroeléctricas y de construcción de la gigantesca presa de Inga, en el río Congo. Su cobertura, la de nieto de un antiguo médico español en el Congo Belga, le llevará a descubrir los últimos cabos sueltos de una conspiración urdida para silenciar el origen de uno de los grandes males del siglo XX.

Manual de Geopolítica Crítica, Rafael Fraguas

La obra brinda acceso libre al conocimiento de asuntos hasta hoy reservados, de manera exclusiva, a estadistas, militares y diplomáticos. Lejos de tal elitismo, este manual propone atajar la ignorancia y la falta de criterio donde los poderosos sepultan intencionadamente a la ciudadanía para que padezca indefensa a los efectos de las guerras, adversidades y golpes de Estado por ellos inducidos.

El espía imperfecto, José Luis Caballero

En un pequeño y oscuro despacho de Santander, Miguel Maestre Marín, agente del CNI, espera la llegada de Iñaki Sagarzazu, alias Iñaki de Mondragón, un dirigente de ETA, arrepentido y dispuesto a traicionar a los suyos. Los jefes del CNI le encargan a Maestre valorar si el etarra les está engañando o si tienen entre manos un diamante en bruto. El agente del CNI se encuentra con un hombre infeliz, enfermo y torturado. Pronto sus confidencias empiezan a dar resultados prácticos, pero Maestre desconfía de los auténticos motivos que han convertido a Iñaki en un traidor y que van más allá de la política o el arrepentimiento. Al tiempo que se va involucrando cada vez más en la violenta vida del etarra, Miguel Maestre, leal y honesto, deberá protegerle no sólo de ETA que le busca para matarle, sino de sus jefes del CNI, dispuestos a traicionarle. Una historia de espionaje, de lealtad y de traición en el País Vasco protagonizada por un agente del CNI cuya ética le convierte en imperfecto.

El espía del rey, José Calvo Poyato

España a mediados del siglo XVIII. La Ilustración empieza a ser realidad, pero la Inquisición aún tiene fuerza. Los marinos españoles publican obras de gran importancia científica. Es el caso de Jorge Juan, que ha medido el meridiano terrestre y acaba de publicar un libro sobre ello, pese a los reparos de la Inquisición. Por su parte, el marqués de la Ensenada, principal ministro de Fernando VI, está dispuesto a potenciar la flota moderna capaz de enfrentarse a la británica. Jorge Juan viaja a Londres como científico para participar en las reuniones de la Royal Society, donde se lo recibe como marino ilustrado, pero la verdadera razón de su viaje es espiar los astilleros ingleses. Adopta para ello una doble identidad: la real y la de un librero que se mueve por los muelles del Támesis y las tabernas portuarias buscando a expertos en la construcción naval. Así, contratará y traerá a España a los hombres que harán realidad los proyectos de Ensenada. Pero al ser descubierto, tendrá que huir de Londres.